Las inversiones en gas natural, pilares del crecimiento en 2027
Tras una modesta recuperación en 2026, lastrada por las devastadoras inundaciones de principios de año, los malos resultados del sector minero y la escalada de los precios del petróleo, se espera que el crecimiento se acelere en 2027 y que siga estando impulsado en gran medida por las inversiones masivas en el sector del gas natural licuado (GNL). El megaproyecto Coral Norte FLNG de Eni (7.200 millones de dólares), el proyecto Mozambique LNG de TotalEnergies (20 500 millones de dólares) y el Rovuma LNG de ExxonMobil (30 000 millones de dólares), cuya decisión final de inversión es inminente, impulsarán los gastos de capital del país hasta 2028-2031 y durante la duración de sus respectivas fases de construcción. Situados en la provincia septentrional de Cabo Delgado, su desarrollo se ha visto retrasado por la amenaza terrorista, que ahora está bajo control. Estos proyectos de infraestructura de gas, fuente de miles de puestos de trabajo nacionales, están impulsando el crecimiento del consumo privado a medida que el impacto de los levantamientos de 2024-2025 sigue disipándose gradualmente. Es probable que esta tendencia se intensifique si se alivian las presiones inflacionistas asociadas a la energía y a la guerra en Irán, lo que podría llevar al Banco de Mozambique a reanudar su ciclo de flexibilización monetaria a pesar del déficit crónico de divisas que vincula implícitamente el metical al dólar.
Por el contrario, se prevé que las exportaciones netas sigan siendo el principal lastre para el crecimiento en 2027. Las importaciones de máquinas-herramienta, maquinaria de construcción y servicios especializados para el desarrollo de proyectos de gas aumentarán considerablemente, mientras que las perspectivas de exportación siguen siendo limitadas a corto plazo. No se prevé que el descenso de las exportaciones de carbón (el 21 % del total de las exportaciones en 2025) y la incertidumbre en torno a Mozal Aluminium, la principal fundición de aluminio del país (20 %), que fue cerrada en marzo de 2026 por un período indefinido debido a dificultades en el suministro eléctrico, no se verán compensadas, según las previsiones, por la expansión del sector del GNL hasta dentro de varios años. En términos más generales, se prevé que los sectores no extractivos registren un crecimiento más modesto, lo que pone de manifiesto la falta de diversificación económica de Mozambique, donde el 82 % de la población sigue viviendo por debajo del umbral internacional de pobreza.
Crecientes necesidades de financiación a la espera de los dividendos del gas natural
A pesar del compromiso del Gobierno de contener la masa salarial del sector público (el 49 % del gasto público, o el 14 % del PIB en 2025), se prevé que el déficit presupuestario se amplíe aún más en 2027, mientras que los costes del servicio de la deuda aumentarán significativamente. En consecuencia, desde la suspensión en abril de 2025 del programa del FMI en el marco del Servicio de Crédito Ampliado, Mozambique ha dependido cada vez más de la financiación interna a corto plazo, que resulta más costosa y agrava el riesgo de refinanciación. Al mismo tiempo, los ingresos públicos se mantendrán estables, ya que las reformas destinadas a ampliar la base impositiva y modernizar la recaudación fiscal solo tienen un impacto marginal en los esfuerzos de consolidación fiscal. En consecuencia, se prevé que la relación entre la deuda pública y el PIB siga aumentando en 2027.
Aunque la deuda externa, que representaba el 68 % de la deuda total pendiente en 2025, repartida a partes iguales entre prestamistas multilaterales y bilaterales, es en gran medida concesional, el nivel global de deuda se considera insostenible, como lo ilustran las preocupaciones en torno a la gestión del único eurobono del país, por valor de 900 millones de dólares, con vencimiento en 2031. Como resultado, Maputo está trabajando para negociar un nuevo programa de financiación con el FMI, lo que condicionaría el desembolso del Banco Mundial de 6 000 millones de dólares durante el período 2026-2031 a dicho acuerdo. El reembolso íntegro de aproximadamente 700 millones de dólares de deuda al FMI en marzo de 2026 —varios años antes de lo previsto— ha reforzado la credibilidad de Mozambique, ya que el país parece dispuesto a seguir impulsando sus reformas económicas. Una decisión favorable por parte del FMI sigue dependiendo de que los acreedores alcancen un acuerdo de principio sobre una reestructuración de la deuda que tenga en cuenta los beneficios fiscales de los megaproyectos para 2030, siempre que no se produzcan más retrasos. Maputo también está considerando convertir parte o la totalidad de los 1 400 millones de dólares de deuda contraída con China —el mayor acreedor bilateral de Mozambique— a yuanes para reducir los costes de amortización. Esta iniciativa tiene aún más posibilidades de éxito dado que Pekín está aplicando una estrategia para internacionalizar el yuan.
Se prevé que la balanza por cuenta corriente siga registrando un profundo déficit en 2027, impulsada por el empeoramiento de la balanza comercial debido al aumento de las importaciones de bienes y servicios relacionados con los megaproyectos de gas. Impulsadas por la producción de gas de Coral Sul —la contraparte de Coral Norte— y la posible reapertura de Mozal Aluminium, las exportaciones solo compensarán parcialmente el déficit provocado por las importaciones. Además, el déficit de la renta primaria, alimentado por la repatriación de beneficios por parte de empresas extranjeras, superará a las remesas de los trabajadores expatriados, que se han visto afectadas por la deportación de extranjeros desde Sudáfrica. Como resultado, se prevé que el déficit por cuenta corriente se financie en gran medida mediante la inversión extranjera, lo que no impedirá que las reservas internacionales se reduzcan por debajo del umbral crítico de tres meses de importaciones en 2027.
El desafío de seguridad es el eje central de las ambiciones en materia de gas natural
El panorama político de Mozambique sigue marcado por las protestas a gran escala que siguieron a las elecciones presidenciales de octubre de 2024 —que se vieron empañadas por irregularidades— y que dieron como resultado la victoria de Daniel Chapo, el candidato del Frente de Liberación de Mozambique (Frelimo), el partido que lleva en el poder desde la independencia. Aunque los disturbios se han apaciguado tras una sangrienta represión, las causas subyacentes del levantamiento —el deterioro de la situación económica, la desigualdad de ingresos y otros factores similares— persisten y siguen alimentando el descontento. En el Parlamento, el partido de la oposición de larga trayectoria, la Resistencia Nacional de Mozambique (Renamo), perdió escaños frente a un recién llegado, el Partido Optimista para el Desarrollo de Mozambique (Podemos), cuyo candidato fue el principal líder de las protestas. Las iniciativas de reconciliación nacional puestas en marcha desde entonces han tenido dificultades para dar frutos. La aplicación de la ley aprobada en abril de 2025, destinada a limitar los poderes presidenciales, despolitizar las instituciones y potenciar la descentralización, sigue siendo lenta e incierta.
La precaria situación de seguridad en Cabo Delgado, donde se concentran los principales proyectos de gas (en alta mar en el caso de Coral Norte, en tierra en el de los demás), es una de las principales prioridades del Gobierno. Desde 2017, la provincia ha sido escenario de una insurgencia yihadista liderada por un grupo afiliado al Estado Islámico. No se espera que el anuncio, realizado en mayo de 2026, de que no se renovará el apoyo financiero europeo a la intervención militar ruandesa en Cabo Delgado suponga una amenaza para el despliegue de tropas, ya que Maputo ha anunciado que ha conseguido otras fuentes de financiación, aunque Bruselas tiene previsto seguir formando a soldados mozambiqueños. El compromiso de Ruanda es aún más crucial, ya que las empresas extranjeras están empezando a reanudar su actividad en la región tras varios años de ausencia a raíz de la declaración de fuerza mayor por motivos de terrorismo. Cualquier nueva interrupción retrasaría aún más el desarrollo del GNL, el principal motor de crecimiento a medio plazo.

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