La recuperación se consolida, pero persisten los riesgos
Se prevé que el crecimiento vuelva a repuntar notablemente en 2026, impulsado principalmente por un mayor consumo privado (alrededor del 50 % del PIB) y una mejora de la actividad inversora (alrededor del 25 % del PIB). Se prevé que el descenso de la inflación hacia el rango objetivo oficial del Banco de Israel, situado entre el 1 % y el 3 %, refuerce la confianza de los consumidores y permita recortes sostenidos de los tipos de interés oficiales, lo que reducirá los costes de financiación para los hogares y las empresas. La menor movilización militar y la normalización gradual de las condiciones económicas —incluido el regreso de los trabajadores extranjeros en los sectores de la agricultura y la construcción, lo que impulsará la oferta de mano de obra— deberían seguir sosteniendo el gasto de los consumidores. Tras el descenso registrado en 2023 y 2024, también se espera que la inversión se recupere, respaldada por un aumento del gasto de capital en los sectores de la energía (especialmente en el gas natural), las TIC y las infraestructuras. Una mejora sostenida de las condiciones de seguridad y un alto el fuego duradero también podrían dar lugar a un repunte de los ingresos por turismo (equivalentes a aproximadamente entre el 2,5 % y el 3 % del PIB en los años anteriores a la crisis), lo que reforzaría la recuperación de la demanda interna y consolidaría el impulso general del crecimiento.
Los riesgos que afectan a las perspectivas siguen inclinándose a la baja. Un deterioro del entorno de seguridad probablemente perturbaría la recuperación en curso al debilitar la confianza, ralentizar la normalización del mercado laboral y desincentivar la inversión empresarial. Una incertidumbre prolongada también retrasaría las decisiones de contratación y lastraría las ganancias de productividad. Los riesgos relacionados con el comercio agravan la vulnerabilidad. Aunque los productos farmacéuticos y los semiconductores, que en conjunto representan cerca del 40 % de las exportaciones de Israel, están actualmente excluidos de las medidas arancelarias de EE. UU., es posible que la exención no dure. Si EE. UU. impusiera un arancel del 25 % a estos sectores, el tipo arancelario efectivo de Israel sobre las exportaciones a EE. UU. podría aumentar de alrededor del 11 % a aproximadamente el 22 %, lo que debilitaría la competitividad de las exportaciones y lastraría las perspectivas de crecimiento.
El aumento de la demanda de importaciones reducirá el superávit exterior, pero el déficit presupuestario seguirá siendo elevado
Se prevé que el superávit por cuenta corriente se reduzca debido al aumento de la demanda de importaciones de bienes de consumo y de equipamiento en este período de posguerra. Como resultado, es probable que la balanza comercial de mercancías siga registrando un déficit, estimado en torno al 4 % del PIB. Se espera que la balanza de servicios se mantenga en superávit, impulsada principalmente por los servicios informáticos, así como por la investigación y el desarrollo. La mejora de las condiciones en el sector turístico debería impulsar aún más las exportaciones de servicios, lo que contribuiría a mantener un superávit en la balanza de servicios cercano al 6 % del PIB. Se prevé que la balanza de rentas primarias se mantenga ligeramente en déficit (en torno al 0,5 % del PIB), lo que refleja en gran medida la repatriación de beneficios por parte de empresas de propiedad extranjera y los pagos de intereses. Por el contrario, se espera que la balanza de rentas secundarias se mantenga en superávit (alrededor del 2 % del PIB), lo que refleja en gran medida las transferencias de la diáspora y el apoyo oficial continuado de EE. UU. A pesar de un superávit por cuenta corriente más reducido, la posición de inversión internacional neta (PIIN) de Israel seguirá siendo sólida. En este sentido, el superávit de los activos externos de Israel sobre los pasivos aumentó casi un 7 % en el tercer trimestre de 2025 en comparación con el trimestre anterior, hasta situarse en unos 260 000 millones de dólares. Durante el mismo período, el stock de inversión extranjera directa en Israel aumentó un 3,7 %, hasta alcanzar los 287 000 millones de dólares, mientras que los pasivos por inversión de cartera se incrementaron un 2,5 %, hasta los 262 000 millones de dólares. Por lo tanto, Israel seguirá siendo un acreedor neto para el resto del mundo. Además, sus reservas internacionales, que se situaban en torno a los 230 000 millones de dólares (aproximadamente el 40 % del PIB) en noviembre de 2025, seguirán constituyendo un sólido colchón y respaldando la robusta posición exterior del país.
Se prevé que el déficit presupuestario se reduzca en 2026, a medida que la mejora del crecimiento impulse la recaudación de ingresos y se reduzcan los gastos temporales relacionados con el conflicto. Se espera que el gasto en defensa se reduzca hasta situarse en torno al 6-6,5 % del PIB en 2026, en comparación con el máximo del 9 % alcanzado en 2024. Al mismo tiempo, la moderación de la inflación y la bajada de los tipos de interés deberían reducir los costes de financiación y, por lo tanto, contribuir al equilibrio presupuestario. En consecuencia, la mejora prevista se derivará de la recuperación de la economía y de la retirada de las medidas excepcionales, más que de un ajuste fiscal estricto. Además, dado que el gasto en defensa sigue siendo elevado en comparación con el período anterior a la guerra y que la consolidación fiscal se retrasa, se prevé que la ratio de deuda pública respecto al PIB se mantenga alta. No obstante, los riesgos relacionados con la situación fiscal serán bajos, ya que Israel seguirá contando con un fácil acceso a los mercados de capitales nacionales e internacionales para financiar el déficit fiscal.
Riesgo de otra guerra
La política exterior israelí seguirá centrada principalmente en la seguridad regional. Israel mantiene tratados de paz formales con Egipto y Jordania, que constituyen el marco para las relaciones diplomáticas y la cooperación en curso. Las relaciones con Egipto incluyen una coordinación práctica en el sector energético, en particular a través de acuerdos de producción, tránsito y exportación de gas natural en el Mediterráneo oriental. El tratado de paz con Jordania sustenta la cooperación en ámbitos como la gestión de fronteras, el comercio y los recursos hídricos. Estos marcos bilaterales coexisten con un entorno regional más amplio marcado por tensiones de seguridad continuas, especialmente en relación con Gaza. Aunque el alto el fuego en Gaza, negociado en el marco del acuerdo de paz estadounidense, ha aliviado las tensiones inmediatas, su capacidad para perdurar es incierta debido a las disposiciones imprecisas y a las cuestiones políticas sin resolver, lo que deja margen para una nueva escalada. Se espera que las relaciones entre Israel, Baréin, los Emiratos Árabes Unidos y Marruecos, en el marco de los Acuerdos de Abraham de 2020 —que normalizaron los vínculos diplomáticos, económicos y de seguridad entre estos países—, se mantengan formalmente intactas. Sin embargo, es probable que el compromiso siga siendo pragmático, ya que el conflicto de Gaza y la inestabilidad regional más amplia han exacerbado las sensibilidades y reavivado la cuestión palestina, aún sin resolver, en la opinión pública nacional. Se prevé que el impulso hacia la normalización con otros países árabes, especialmente Arabia Saudí, siga en suspenso. Además, la tensión a lo largo de la frontera norte de Israel con el Líbano y los ataques contra Hezbolá —cuyo desarme sigue sin resolverse— también plantean riesgos a la baja. Se prevé que las relaciones entre Israel e Irán sigan siendo muy tensas tras las escaladas de 2025. Aunque Israel no está directamente implicado, los limitados avances en las negociaciones entre EE. UU. e Irán sobre el programa nuclear iraní siguen marcando el entorno estratégico de Israel y apuntan a tensiones de seguridad regionales persistentes hasta 2026. Es probable que las relaciones con Turquía sigan siendo sensibles a la evolución de la situación en Gaza y en el resto de la región (Siria, etc.). Se prevé que la relación con EE. UU. siga siendo sólida, aunque probablemente más compleja. Las diferencias sobre el conflicto de Gaza podrían generar tensiones diplomáticas, mientras que la presión de EE. UU. sobre la gobernanza regional podría limitar el margen de maniobra político.
A nivel nacional, las tensiones políticas seguirán siendo elevadas de cara a las elecciones legislativas de 2026, que se celebrarán a más tardar el 27 de octubre. Esto podría complicar la formulación de políticas y contribuir a la polarización social, en un contexto de debates sin resolver sobre las instituciones, la seguridad y la política fiscal. En particular, la discordia entre los socios de la coalición sobre las prioridades de gasto tras la guerra y las medidas fiscales ha retrasado las negociaciones sobre el presupuesto de 2026. Según la normativa vigente, si no se aprueba el presupuesto antes de finales de marzo de 2026, podría convocarse una elección anticipada, lo que provocaría una mayor incertidumbre sobre el marco de la política fiscal. Además, cualquier nuevo deterioro de la situación en Gaza o un empeoramiento generalizado del panorama de seguridad en la región podría socavar la confianza, provocando efectos negativos en la actividad turística y la inversión privada. Esto podría lastrar el dinamismo económico debido al retraso en las decisiones de inversión y a una menor demanda.

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